Estaba
en secundaria cuando un profesor me dijo que mi generación era conocida como la
generación “X”. Entonces el mundo era muy distinto. Si quería escuchar una
canción debía llamar por teléfono a la radio y pedirla, si quería saber algo de
la historia de mi país tenía que comprar unas láminas en la papelería con figuras en el anverso y breves textos en el reverso. Desde entonces han
transcurrido apenas 15 años, pero la tecnología ha avanzado tanto que podemos
hacer cosas que entonces parecían imposibles, hoy sabemos que la mía no es la
generación “X”, es la generación las nuevas tecnologías. Dentro de todos los
beneficios que implica, la velocidad en la que se produjo este gran cambio
tiene un aspecto muy malo, esto es que la tecnología avanza mucho más rápido que el
derecho.
Para
ejemplificarlo un poco vayamos otra vez al pasado, cuando mi papá compró
nuestro primer atari, ningún legislador se hubiera imaginado que algún día
miles de usuarios de todo el mundo pudieran jugar desde sus casas y competir
entre sí en forma simultánea, que este juego estaría hecho con algo que se llamaba programa de
ordenador pero que a la hora de regularlo bien podría confundirse con una película.
Con internet se agravan un poco el asunto, porque en este caso la solución no
depende sólo de la audacia y entendimiento de nuestros legisladores, dependemos también de que la conducta que pensamos que afecta intereses sea sancionada en todo el
mundo, por ello la importancia y la
urgencia de firmar Tratados Internacionales.
Después
de la adhesión de México al Acuerdo Contra la Falsificación Comercial (ACTA), por sus siglas en inglés, no faltaron los comentarios en contra. Los argumentos
no son nada concretos, en general hablan de que la adhesión al tratado viola
derechos fundamentales (aunque no dicen cuáles), que restringe la libertad de
expresión (pero no dicen cómo) y lo que es peor aun, argumentan qué como el
Parlamento Europeo no lo quiere ratificar México tampoco debe hacerlo. A veces
me da la impresión de que la gente que se niega a la ratificación del acuerdo no
tiene ni idea de lo que se trata, es una lástima, porque es precisamente en la
red, aquella a la que acceden para subir videos y fotografías en su contra,
donde podemos encontrar la información
suficiente para saber que el texto final del acuerdo no viola derechos
fundamentales, ni restringe el
intercambio de información en internet. Al contrario, beneficia a la población
y apoya que un derecho que ya tenemos los mexicanos pueda ser exigido en otros
países. No juzgo opiniones diversas a la mía, pues el debate sobre los derechos
de autor en internet existe desde hace
mucho tiempo, lo que si es cuestionable es que en la mayoría de los casos
quienes opinan parecen no estar muy bien enterados. Por eso me permito
complementar: México despierta...pero también infórmate.
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