Hoy, mientras me deleitaba desde el avión con uno de los amaneceres que más me gustan, subrayé en el libro la frase: no es lo mismo mejorar las cosas que hacerlas mejor. Me detuve en el acto a reflexionar y me di cuenta de algo.
Para tener éxito se requiere de un gran esfuerzo creativo pero además crítico, evaluarnos momento a momento, sin juzgar. No es fácil, requerimos, en palabras de mi compadre: "encontrar al tiburón que llevamos dentro" El tiburón es esa parte de nosotros que lo quiere todo, que no se conforma y nos lleva a nuestro más alto grado de incomodidad, a veces está dormido, ese puede ser un problema.
Al encontrar las fallas, no debemos juzgarnos, pues no se trata sólo tener éxito, al final nada cuenta si no te diviertes. Observar la realidad tal y como es nos hace libres, pero cambiar las circunstancias nos convierte la mayoría de las veces en lo que queremos ser.
Para encontrar al tiburón, creo, debemos antes que nada conocer la opinión que tenemos de nosotros mismos y si es mala, cambiarla. Si me creo un perdedor seré un perdedor, si me creo un campeón, ¿Qué seré? pues un campeón. No es fácil cambiar lo que creemos de nosotros, pero lo que tú ves hoy reflejado en el espejo es casi siempre lo mismo que lo que los demás verán en ti mañana.
La
fuerza esta en la decisión, saber que cada ser humano tiene la plena capacidad
de crear su propio destino y visualizarlo.
Después
solo tienes que proteger tu sueño, concentrarte
en los detalles y tener la firme convicción de que todo es posible.
Sin
más peroratas, descubrí que la diferencia entre mejorar las cosas y hacerlas mejor esta nada más y nada menos que en quien lo hace, por supuesto que me quedo con la segunda.


