Nuestra sociedad nos alimenta día con día con una serie de
paradigmas que procuramos como mandamientos sacramentales, acatándolos con el
mayor de los sigilos y la más profunda devoción, pero la verdad más que agregar valor lo destruyen, siendo sincera nadie
sabe quién los estableció, por qué son tan importantes o cuándo surgieron.
Por ejemplo, “Si quieres que algo pase, no lo digas porque
se ceba”. Este dicho quiere decir que si
quieres mucho algo en tu vida, debes guardarlo en secreto, pues si lo dices, no
pasa. Me parece totalmente absurdo que de niños nos enseñen a desear en
secreto, a no decretar nuestros más grandes sueños, a no comprometernos con las
personas que nos rodean platicando nuestros sueños más profundos para que
cuando declinemos nos obliguen a mantenernos en pie. En
cambio nos incitan a tener la firme
creencia de que por el sólo hecho de contárselo a alguien nuestros deseos no van
a suceder. Como en los tiempos medievales en que se hacían conjuros para la
buenaventuranza nos enseñan a callarnos para que de alguna manera, por el solo
hecho de guardarlos en secreto nuestros deseos sucedan por obra y gracia del
Espíritu Santo.
Otro buenísimo es “Más vale pájaro en mano que ver un
ciento volando”, esto es, cuando una persona emprenda una aventura y tenga
frente a si mismo un sin fin de oportunidades, pero tenga algo seguro, se
aferre a lo seguro y no vaya por el resto, pues esas oportunidades son posibilidades por las que no hay que arriesgarse, pues si lo haces podrías perder lo
poco que tienes. Para empezar el dicho es ilógico, pues la verdad no entiendo
como un cazador de aves podría seguir cazando si tiene a su presa en la mano,
pero bueno, la tragedia del dicho va más allá de esto. El apego a los éxitos
pasados y el gran temor a tomar riesgos llevaron a un ser desconocido que
habitaba en algún lugar remoto en una situación que nadie conoce, a trascender
por medio de una frase limitante que construye a la juventud aplaudiendo su
mediocridad y disfrazándola de sabiduría.
Pero tenemos otra, la reina de reinas. No es un dicho pero
es una clase de creencia que nos ha pegado mucho en la madre a los mexicanos
desde tiempos inmemoriales, y esta es una frase que le dicen los papás a los
hijos cuando son chiquitos. Se les dice más o menos así: (léase en tono
ranchero) “Mi’jo estúdiele mucho pa’
que cuando sea grande sea alguien”. Y
luego cuando los pobres muchachitos salen de la universidad con curriculum en
mano, ya van diciendo yo “soy” pero en el fondo no sienten que son nada, por
eso sigue la tortura… y siguen sintiéndose que deben tener algo para poder
hacer algo para algún día llegar a ser alguien.
La neta, la neta, hay muchos viejitos en mi país que se van
al cielo creyendo que nunca fueron nadie, de hecho tenemos otra palabra para
esto, a los fracasados de les dice “Don Nadie”.
Todo esto me parece muy triste, la verdad existen muchísimos
motivos para sentirnos grandes desde pequeños, para saber que lo que construye
a un ser humano no es lo que tiene, ni lo que hace, ni una profesión, ni un
puesto, ni un coche o un yate, sino que es algo mucho más simple y más
profundo. SER ALGUIEN se trata de SER, y para SER lo único que se necesita es
poder respirar.
Se trata de algo mucho más intenso y transparente,
se trata de abrir el corazón y dejar que
entre todo lo que tenga que entrar y que salga todo lo que tenga que salir. Lo chistoso de todo esto es que justo
siendo es como se pueden cumplir los sueños y no al revés. Es así porque
cuando nos permitimos SER abiertamente, a la gente le da por DECLARAR sus
sueños, COMPROMETERSE a lograrlos, HACER
lo que sea necesario para alcanzarlos, sin límites, tomando todos los
riesgos que vengan y por último logran TENER todo lo que desean y NO TENER todo lo que no desean. Así que a volar los dichos. Todos ya somos
alguien, sólo queda decidir qué. Si no me crees pruébalo y verás.
