En el mito de Sísifo Albert Camus narra la historia de un hombre que, enviado por los dioses a vivir en el infierno, su castigo sería vivir una y otra vez la misma experiencia, rodar sin cesar una roca cuesta arriba de una montaña, que al llegar a la cima volvía a caer. Este trabajo incesante era considerado un castigo infernal porque se consideraba que no había peor cosa que repetir una y otra vez una actividad inútil y sin esperanza.
A lo largo de la lectura el autor explica que se le permite Sísifo subir a la tierra para vengarse de su esposa, pero una vez de regreso en la tierra no desea volver al infierno. La tierra le parece hermosa, ama sus colores, sus sonidos, sus texturas. Pero finalmente los dioses lo devuelven al infierno, a repetir su castigo una y otra vez. Un día, realizando su rutina misma rutina Sísifo comenzó a juzgar que todo estaba bien…
¿Qué sucedió con Sísifo? ¿Por qué el mismo lugar que le proporcionó tantos pesares ahora era testigo de su dicha?
De acuerdo al texto, la transformación de Sísifo aconteció de la siguiente manera:
“Sísifo me interesa durante ese regreso, esa pausa”
Sísifo para. Después de haber rodado la piedra por la montaña cientos de veces. Al descender de la montaña parecía que todo sería igual, pero se detiene. Hace una pausa. Y no hay más, no necesita nada más que eso para entender.
“Sufre tan cerca de las piedras, es ya él mismo piedra”
Sísifo mira. La piedra significa el sufrimiento. Una vez que ha hecho la pausa, o gracias a esa pausa, Sísifo por primera vez la mira, la mira como nunca antes la había visto, se permite mirar la causa de su sufrimiento directamente, sin aspavientos, la mira de cerca y lo hace de tal se vuelve uno con ella.
“Veo a ese hombre volver a bajar con paso lento, pero igual hacia el tormento
cuyo fin no conocerá”
Se hace consciente. Lo hace lentamente, sin prisas se adentra en su dolor sin saber cual será su destino, pero ya no es el mismo de antes. En lugar de huir de la razón de su sufrimiento camina hacía él, no hace sin tener garantías, sin saber cual será el resultado. Contempla su sufrimiento. Lo hace porque sabe que se ha hecho uno con su dolor, que es su dueño.
"A pesar de tantas pruebas, mi edad avanzada y la
grandeza de mi alma me hacen juzgar que todo está bien"
Sísifo se transforma. Está en el mismo lugar, en las mismas condiciones que antes, el entorno no ha cambiado. Pero Sísifo ya no ve su castigo de la misma manera. Es uno con su dolor, hace las paces con él. Y lo hace hasta tal punto que llega a juzgar que todo esta bien. El entorno no cambió, lo que se modificó fue la forma en que Sísifo se relaciona con aquello que pensó que era malo. Esta nueva relación es una relación de paz y de amor. Porque logra entender que la alegría y el dolor son necesarios.
“Expulsa de este mundo a un dios que había entrado en él con la insatisfacción”
Expulsa lo que había entrado en él. Una vez que Sísifo ha parado, se ha permitido ser consciente de su propia insatisfacción, la ha mirado de cerca, tan cerca que se ha hecho uno con ella. Debido a su contemplación, a esa contemplación amorosa a su propio sufrimiento, logra ver que para que haya un día, debe haber una noche. Justamente cuando se sale de la forma y cambia su manera de ver el mundo que lo rodea, expulsa a la insatisfacción.
“La roca sigue rodando”
Se vuelve a encontrar con su carga. Aunque pareciera que esta es una historia con un final feliz, en que Sísifo por fin encuentra la dicha. Después de haber expulsado la insatisfacción su roca vuelve, pero ya no es igual que antes. Aunque la roca aparece una y otra vez y su noche parece interminable, Sísifo sigue levantando la roca, ahora dichoso porque considera que llevar esa carga esta bien. Cada elemento, parezca desagradable o no, es vital, porque todos en su conjunto forman el mundo.
Entonces, el ir y venir sin sentido de Sísifo tiene otro significado, ya no es un pobre hombre sin propósito que sube y baja la montaña. Desde afuera, desde lo que se ve nada ha cambiado, pero en realidad ahora todo es diferente, porque Sísifo ha encontrado que ese esfuerzo para llegar a la cima basta para llenar su corazón.