Solo con el alma llena de equipaje, como canta mi admirado Marco Antonio Solís llegué a Madrid. Muriéndome de miedo y sin conocer a nadie viví en un hotel por una semana y comencé una vida nueva. Al terminar la difícil labor de encontrar casa y trasladar mis maletas ahí, sin dudarlo ni desempacar me fui al Museo del Prado. Ahí me maravillé con los lienzos de Tiziano, Durero, Velázquez y Goya, entre muchos otros, como siempre que voy a un museo me salí hasta que me corrieron, el tiempo no perdona. Ahí conocí a mi primera amiga en Madrid y quien hasta ahora sino es la mas allegada, sí la más inspiradora. Se llama Amalia del Llano y Dotrés, y bueno, es una amiga distinta porque es condesa de Vilches y si la gran calamidad llamada muerte no rondara por nuestro espacio hoy tendría 191 años. Ella quedo inmortalizada con el pincel Federico de Madrazo y esta resguardada por un gran marco dorado en la sala 63 del Museo del Prado. Parece mentira pero en serio que estar con los amigos, solo estar con ellos sin necesidad de decir nada ayuda. En ese momento su mirada relajada y segura me inspiro. Era escritora, amiga del pintor, grande de España, pero no es eso lo que se convirtió en mi amiga, sino su sola compañía, su silencio, su mirada. Lo se, suena como de novela, hasta me apena un poco confesarlo, pero es cierto. Lo comparto porque creo si los seres humanos fuéramos como el arte, si nos dedicáramos a embellecer al menos el pequeño espacio en el que encontramos, una habitación, una oficina o un parque, y si además aprendiéramos a disfrutar el solo hecho de la presencia tal vez el mundo sería distinto. Así, con esa admiración, cada vez que vuelvo al Prado voy a verla, como si le hiciera una visita, solo para recordarme a mi misma que muchas veces no es necesario hacer nada, sólo con ser y estar basta.
En un abrir y cerrar de ojos la vida vuelca de forma extraordinaria a lo inimaginable. El objetivo de este blog es compartir las pequeñas cosas de la vida que a veces pasamos por alto invitando al lector a ser, más que un observador, un acompañante en este continuo despertar.
viernes, 18 de mayo de 2012
CON SER Y ESTAR BASTA
Solo con el alma llena de equipaje, como canta mi admirado Marco Antonio Solís llegué a Madrid. Muriéndome de miedo y sin conocer a nadie viví en un hotel por una semana y comencé una vida nueva. Al terminar la difícil labor de encontrar casa y trasladar mis maletas ahí, sin dudarlo ni desempacar me fui al Museo del Prado. Ahí me maravillé con los lienzos de Tiziano, Durero, Velázquez y Goya, entre muchos otros, como siempre que voy a un museo me salí hasta que me corrieron, el tiempo no perdona. Ahí conocí a mi primera amiga en Madrid y quien hasta ahora sino es la mas allegada, sí la más inspiradora. Se llama Amalia del Llano y Dotrés, y bueno, es una amiga distinta porque es condesa de Vilches y si la gran calamidad llamada muerte no rondara por nuestro espacio hoy tendría 191 años. Ella quedo inmortalizada con el pincel Federico de Madrazo y esta resguardada por un gran marco dorado en la sala 63 del Museo del Prado. Parece mentira pero en serio que estar con los amigos, solo estar con ellos sin necesidad de decir nada ayuda. En ese momento su mirada relajada y segura me inspiro. Era escritora, amiga del pintor, grande de España, pero no es eso lo que se convirtió en mi amiga, sino su sola compañía, su silencio, su mirada. Lo se, suena como de novela, hasta me apena un poco confesarlo, pero es cierto. Lo comparto porque creo si los seres humanos fuéramos como el arte, si nos dedicáramos a embellecer al menos el pequeño espacio en el que encontramos, una habitación, una oficina o un parque, y si además aprendiéramos a disfrutar el solo hecho de la presencia tal vez el mundo sería distinto. Así, con esa admiración, cada vez que vuelvo al Prado voy a verla, como si le hiciera una visita, solo para recordarme a mi misma que muchas veces no es necesario hacer nada, sólo con ser y estar basta.
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