Tres meses contigo, tres meses de mutis literaria, de
despertares decepcionantes y sorprendentes tristezas venidas de nada, México.
Por tus secuestros, por tus tiroteos, por tus asaltos
carreteros, por tus silencios, por tu indiferencia, por tu desconfianza, por tu
oportunismo, por tu corrupción, por tu miedo, México.
Y yo que tanto te amo, que te pensé tanto, que te extrañé tanto y de pronto me encuentro como quien mira a la persona de quien se enamoró y no la reconoce, porque todo este tiempo me acordé solo de lo bueno, se me había olvidado ya
lo malo, México.
Fui a Chile, para pensar un rato, para preguntarme si vivir contigo todavía tenía sentido. Fue en un hotel-viñedo en la ruta del vino, ahí donde todo parecía
perfecto y no daban ganas de volver, donde 5 amables cocineras alimentaron en
forma tardía mi cuerpo, pero también mi espíritu, México.
Me levante muy tarde, pasaba de las once de la mañana y se había cerrado ya el
desayuno, algo hice que las conmoví y conseguí un desayuno improvisado en la cocina. Estaba sentada en un banquito metálico cuando una linda melodia me saco de mi ensimismamiento, con especial alegría las escuche cantar: De la sierra morena cielito lindo vienen bajando, un
par de ojitos negros cielito lindo de contrabando.
Entonces me di cuenta, México.
