Una
de las mejores creaciones de Dios es, sin duda, la comida. A mi me gusta toda, la
mexicana, la italiana, la japonesa, la china, la argentina, la española... toda, toda, toda.
Es posible que no sea la comida lo que tanto me fascina, sino el acto mismo de comer. ¡Me encanta comer! Especialmente la comida que se come con las manos.
No hay nada como la primera mordida de una jugosa hamburguesa, de un delicioso taco con limón y mucha salsa, de una crujiente rebanada de pizza o de una picosita alita de pollo con salsa búfalo.
Es posible que no sea la comida lo que tanto me fascina, sino el acto mismo de comer. ¡Me encanta comer! Especialmente la comida que se come con las manos.
No hay nada como la primera mordida de una jugosa hamburguesa, de un delicioso taco con limón y mucha salsa, de una crujiente rebanada de pizza o de una picosita alita de pollo con salsa búfalo.
De
estas últimas quiero hablar. Las alitas de pollo se pueden encontrar en
prácticamente todo el mundo, pero, pese a
que se sirven igual, en cada lugar se comen y se disfrutan diferente.
Así que aquí les va una historia que sucedió con alitas en tres países difertentes. Imaginen que en cada país hay una mesa con doce amigos locales, pero con dinero solamente para pagar 8 alitas, veamos como se resolvió el problema:
En México el grupo esta conformado por chicos que
ganan mucho y ponen mucho, otros que ganan poco y ponen poco y por último aquellos que si ganan pero alguien les dijo que podían comer gratis, así que deciden ir a comer alitas y no poner nada. Los 12 amigos querían comer, pero llegar las alitas, antes de que se dieran cuenta, 2 de ellos, los más abusados, se comieron todo. Los que no comieron no dijeron nada,
unos porque no querían problemas y otros porque estaban aprendiendo cómo hacer lo mismo para la próxima. El proceso duró 2 minutos. Resultado: 2 comieron, 4 alitas cada uno. 10 no comieron nada.
En
España pasó algo distinto. De los 12 amigos, 4 pusieron mucho dinero, 4 poquito y 4
nada, porque están en paro (desempleados). Pero todos se sentian con el mismo
derecho de comer y exigieron un método equitativo.
Entonces hicieron un estudio minucioso sobre la antigüedad, capacidades,
actitudes, grado nobiliario, masters, doctorados, amigos en el extranjero,
conocimientos sobre prensa rosa, capacidad de quejarse, velocidad para tomar
cerveza…todo lo que se pueda imaginar para determinar quienes merecían comerse las alitas. Después de una larga selección, 8 de ellos comieron alitas, una cada uno, pero nadie quedo contento, los que comieron hubieran querido comer más y los que no comieron se enojaron muchísimo. El
proceso duró 3 meses. Sin contar los 4 meses de marchas y los 4 años posteriores que los "indignados" amigos se dejaron de hablar.
Después
está Estados Unidos, ahí todos pusieron para la cuenta, unos más y otros menos, pero todos sin excepción. Ahí los amigos recibieron las alitas, pero las pidieron para
llevar y se organizaron. Afuera del restaurante, dos de ellos se pusieron a caminar como gallinas para atraer la
atención del público, 2 más decoraron con papel aluminio (que el restaurante
dio gratis) cada una de las alitas y los 4 restantes se dedicaron a vender el nuevo producto. Al cabo de 20 minutos lograron vender toda la mercancía a un magnífico precio.
Esto fue posible debido a que justo al momento de la decoración, a uno de ellos se le ocurrió dibujar una marca muy fashion que cuadriplico el valor de las alitas. Los 12 amigos volvieron al restaurante y compraron 8 órdenes de alitas, si 8, porque los amigos vendedores desarrollaron una técnica de mercadeo que duplicó las ganancias. Ahora les sobraban alitas. Comieron, pero no las la disfrutaron para nada, comían tan rápido que ni siquiera saborearon un poco. Solo pensaban en salir corriendo a vender más y más alitas.
Esto fue posible debido a que justo al momento de la decoración, a uno de ellos se le ocurrió dibujar una marca muy fashion que cuadriplico el valor de las alitas. Los 12 amigos volvieron al restaurante y compraron 8 órdenes de alitas, si 8, porque los amigos vendedores desarrollaron una técnica de mercadeo que duplicó las ganancias. Ahora les sobraban alitas. Comieron, pero no las la disfrutaron para nada, comían tan rápido que ni siquiera saborearon un poco. Solo pensaban en salir corriendo a vender más y más alitas.
En fin, en cada país hay cosas buenas y cosas malas cuando se trata de comer el preciado tesoro bañado en salsa búfalo, pero eso sí, el método no cambia, todos las comen con el dedo indice y el pulgar, y levantando los meñiques.
