jueves, 24 de septiembre de 2020

TRES GRANDES LECCIONES


 


Vida, nada me debes, vida estamos en paz.

 

El 8 de mayo del año 2012 me encontraba en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, España, estaba esperando una niña. Ahí en medio de abrazos y recibimientos, mi corazón estaba lleno de alegría pues tenía meses viviendo en el extranjero y necesitaba abrazar a un miembro de mi familia. Después de unos minutos por fin la vi, ella chiquitita llevando su maleta enorme se aproximaba hacia mí. 

 

Después de darle un gran abrazo, me preocupé, pues estaba segura de que vendría hambrienta y cansada.  Había pasado un vuelo de 14 horas y tenía siete horas de diferencia horaria entonces le dije: por favor acompáñame vamos a mi departamento para que te bañes y duermas, mañana comenzaremos nuestra aventura madrileña.   Pero ella me dijo que no, un baño si me lo quiero dar, pero estoy en Madrid. ¿Es muy difícil conocer el estadio de Santiago Bernabeu? Le dije: ¡por supuesto que no, vamos! tan pronto llegamos al departamento se dio una ducha de cinco minutos y salimos corriendo en dirección al estadio de Santiago Bernabeu. Cuando bajamos del metro apenas vio aquella enorme estructura, se le iluminó la mirada. Ese, para ella era un sueño que ni siquiera habría imaginado. 


Entramos al estadio y curiosamente había un tour guiado que nos llevaba hasta lo más recóndito. Decidimos tomar ese tour, caminamos por todo el lugar, cada vez que daba un paso su emoción iluminaba el ambiente. Primero fue hacia el campo de juego, lo recorrió con mucha felicidad, después fue hacia los asientos de los entrenadores, donde  simuló que echaba porras. Más tarde entró a los vestidores y emocionada dijo aquí se baña Cristiano Ronaldo aquí se baña Cristiano Ronaldo.  Por último, al pasar por la sala de trofeos buscó minuciosamente hasta encontrar o el botín de oro de Hugo Sánchez, donde quiso tomarse muchas fotos, orgullosa de encontrar un pedacito de su patria, en aquel adorado lugar. 

 

Esa niña era mi abuela, Alicia Cortés Torres, quien viajaba España para celebrar su cumpleaños número 80. En ese viaje pude disfrutar de mi abuela como nunca, caminamos por los verdes campos del parque del retiro, tomamos vino y comimos jamón serrano en los restaurantes del centro fuimos a la Ciudad Amurallada de Toledo, donde admiró las espadas y armaduras, después a Andalucía y ahí, en las Cuevas de Granada, mi abuela bailó flamenco.

 

Ella fue mi maestra de vida, porque a pesar de su edad y de todas las dificultades que atravesó en su vida, nunca, nunca perdió el entusiasmo, la esperanza y las ganas de vivir.

 

Me enseñó sobre todo tres grandes lecciones vive como tú quieras, no importa lo que piensen los demás, ama y hazlo profundamente, sin medida ni límites y vive como si fuera el último día de tu vida.

 

La primera lección: Vive como tú quieras, no importa lo que piensen los demás. Ahí fue donde Conocí el significado de la verdadera libertad, porque muchas veces vamos por la vida pensando que somos libres pero estamos llenos de barreras, todas esas barreras son lo que nosotros pensamos los demás piensan de nosotros y dejamos actuar por eso. Ella me enseñ que ó si tú no te preocupas por la opinión de los demás es ahí donde puede ser absoluta y verdaderamente libre. Ella nunca se falló asimismo y nunca permitió que nadie decidiera por ella.Vive como tú quieras no importa lo que piensen los demás.

 

La segunda lección: Ama y hazlo profundamente, sin medida ni límites.  Porque amar nunca está mal, cuando el amor esta presente no importa lo que estés atravesando o que este sea correspondido. Ella no sólo amó a sus hijos, a sus hermanos o a su sobrinos, ella amó también a los desconocidos.Ama y hazlo profundamente, sin medida ni límites. 

 

La tercera lección: Vive como si fuera el último día de tu vida, y no solamente lo decía, lo hacía. Cuando padabamos por algún sitio lo disfrutaba de tal manera que parecía un sitio único, comía la comida de una manera, podía disfrutar de las viandas de un mercado la colonia más pobre de la ciudad de México como de aquellas en el restaurante más elegante de Madrid Y para ella cada delicado sabor era tan lenta y espaciadamente disfrutado que te dabas cuenta de que eso era estar vivo.Vive como si fuera el último día de tu vida

 

Por eso creo que todos nosotros podemos aprender de mi abuela siguiendo estas tres grandes lecciones, vive como tú quieras no importa lo que los demás piensen, ama y hazlo profundamente, sin medida ni límites y vive como si fuera el último día de tu vida.

 

El 10 de julio del año 2016, apenas cuatro años después de haberme visitado en Madrid, mi abuela se quedó dormida para no volver a despertar jamás y lo hizo así… sin ni siquiera haber estado enferma, sin haberse podido despedir de alguien sólo un día te quedo dormidita. 

 

Después de una vida bien vivida, absolutamente desarrollada y intensamente disfrutada… Después de una vida plena.

 

No sé que pasó por su mente los últimos minutos de su vida pero puedo imaginar que repitió aquella frase de Amado Nervo tanto que tanto le gustaba, vida nada me debes vida estamos en paz.