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| *Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central Por: Diego Rivera |
Una de las veladas más hermosas de mi vida ha sido sin duda aquella tarde en el Parque de los Perros en Querétaro. Personajes únicos, de esos que después de algún tiempo no se sabe si en serio estuvieron ahí o si se soñaron.
Lo siento como si fuera hoy: un señor muy muy delgado con bastón y bombín, elegantísimo, de traje negro y camisa blanca, con calcetas, corbata y pañuelo vino, se sienta en una banca y mira hacia las mesas de las terrazas a pie de parque. Da la impresión de que va a hacer algo, pero solo permanece ahí, escuchando el saxofón, esta es la ocasión para la que se vistió.
Pasan inditas y más inditas vendiendo muñecas, también hay un zanquero caminando de aquí para allá, en una esquina esta el señor de los elotes, entre la gente, junto a la fuente esta el de los globos, por allá van las señoras de los collares. Parece que no falta nadie. Da la sensación de que el parque tiene un sonido propio, un olor propio una personalidad única.
Pareciera que todos juntos formamos un mural como los de Diego Rivera, con tanta gente y tanto significado, da la sensación de que Dios nos quería a todos aquí, formando una obra de arte. Porque si estuviéramos separados no seríamos esto, porque juntos dejamos de ser sólo yo y nos volvimos nosotros.
