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| *Imagen de Labomir Bukov |
El
sonido de una cajita musical, un beso bajo la lluvia, el olor de una tienda de
antigüedades, un pajarito que adivina la suerte, un pescador lanzando su red,
un globo volando con la declaración de un sueño, la sonrisa de un niño, la
mirada de agradecimiento de un anciano, el coraje de un boxeador, la lucha por
el control remoto, una viola verde… Un empresario exitoso que no ve su familia,
un gobernante para quien el interés público es lo que menos importa, un obrero
que no tiene dinero para juguetes pero que cada fin de semana agarra la jarra
como los grandes, un estudiante que siente que es alguien porque lo dejan
entrar al antro sin hacer fila, un intelectual que piensa mucho, pero no hace
nada...
Perturbada
soy testigo de tantas contradicciones ¿Por qué no regalarnos al menos una vez al
día la oportunidad de sentirnos vivos? Si estuviéramos en una saga de moda, en México
vivirían todos los personajes secundarios de Harry Potter, permaneceríamos
observando la espada de Griffindor esperando a que llegue Harry, pero éste nunca
llega.
¿Y
qué si ponemos foco en lo que realmente importa? ¿Y qué si todos juntos cargamos
la pesada espada?

