Después
de tres meses de buscarlo, conseguí entrevistarme con él. Quería indagar 2 cosas. La primera era conocer su historia,
quería saber cómo su empresa había logrado conquistar al mercado mexicano,
latinoamericano, estadounidense y europeo en tan solo 25 años. La segunda era saber con qué soñaba, si es
que un hombre que lo tiene todo aun sueña (inocentemente me preguntaba). Como si adivinase mi pensamiento me lo contó,
no tuve necesidad de preguntar. Además me revelo su secreto: para lograr lo que
te propones solo necesitas tres hábitos, me dijo, el primero es no tener miedo, la segundo es
tener sueños y el tercero es entender que cada persona es distinta, distinguir sus
capacidades sin juzgar. Hace 25 años viajó con 100 dólares en la bolsa a Estados
Unidos donde trabajó lavando platos, aprendió a hablar inglés y estudió
liderazgo, ahí se enteró de que la gente quiere ganar dinero, pero más que eso
quiere recibir estímulos. Después volvió
a México y más tarde su dominio del inglés le abrió las puertas para
capacitarse en Ginebra, Suiza. Al volver
a su país formó su propia fabrica de perfumes en el garaje de su casa, empresa
que hoy exporta productos mexicanos a 11
países, incluido España. Sus sueños son tantos que no me alcanza el espacio
para escribirlos, pero lo que es cierto es que los tiene y muchos, entre más
lejos llega más sueña y cuando habla de ellos cierta emoción ilumina su mirada,
como si en sus adentros ya los viera realizados. Nunca supe cuanta gente vive hoy de lo que él
inició, pero estoy segura de que mucha. Él sigue creyendo que los estímulos son
muy importantes, incluso más que el propio dinero. Pues la felicidad es, dice,
un tema cultural.

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