sábado, 8 de octubre de 2011

GRACIAS STEVE


Cuando un hombre común se va, el recuerdo que deja es lo que no hizo, todo aquello que dijo que haría y dejo de hacer, cuando un hombre extraordinario nos deja, no podemos mas que pensar en todo aquello que sí hizo. Hoy al  despedir a Steve Jobs, personajes como Barak Obama, Bill Gates, Mark Zuckerberg, Jerry Yang y en general todos los usuarios y no usuarios de productos Apple no sólo pensamos en lo que Steve sí hizo, sino en la huella que dejó. 

Hombres como él marcan en la historia de la humanidad un antes y un después. Lamento en el alma la pérdida de un apasionado innovador que parecía vivir en el futuro, pero sobre todo la de un extraordinario ser humano que nunca se rindió.  

Steve fue un hombre genéticamente diseñado para permanecer en el anonimato. Un hombre que no contaba con recursos, ni con relaciones, lo único que tenía era un sueño, el soñaba con cambiar el mundo y  al final lo logró. 

Su legado espiritual más famoso fue una frase que escucho a los 17 años: “Todas las noches pregúntate si hubieras hecho lo mismo si supieras que es el último día de tu vida, si la respuesta es negativa durante varios días seguidos es momento de cambiar”. 

Creo a que todo el mundo alguna vez le ha pasado por el cuerpo el temblor que provoca la necesidad del triunfo.  Es una sensación que se sale de ti y abarca un espacio suficiente para conocer tus sueños más profundos, es un cosquilleo que se siente en la piel, que calienta la sangre.  

Pero la necesidad de triunfo no es suficiente. Lo importante viene después, en la manera en la que te comportas cada vez que recibes un no, en la fuerza con la que defiendes un sueño. Rindo homenaje al hombre que logro revolucionar la tecnología mundial, pero hago una reverencia y respeto por la eternidad al hombre que nunca temió al cambio, que defendió sus sueños, al hombre nunca se dio por vencido. 

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