Ignoranti, quem portum petat nullus suus ventus est. Hace 2000 años el filosofo Lucio Anneo Séneca declaró: “Ningún viento es favorable para el que no sabe hacia donde va”. Sin saberlo, la humanidad a través de los años adolece de los mismos males. Con aquella devoción con que Lucio Domicio Ahenobarbo escuchaba a su maestro, magníficamente expresada en la obra escultórica de Eduardo Barrón titulada “Nerón y Séneca” (expuesta en el museo del Prado) debemos analizar las palabras de Séneca y ponernos a pensar un rato.
Personalmente no confío en las personas que no tienen una visión de su futuro. Pero no los juzgo, pues no es fácil lanzarse a soñar. ¡81 millones de desempleados en el mundo! Esa es la realidad de los jóvenes hoy, soñar sin esperanza, y entonces: ¿Para qué sueñan? ¿Con qué sueñan?
Navegamos a la deriva porque no creemos que nuestro objetivo sea posible. Sin embargo nuestra dificultad para soñar va mas allá de las circunstancias en las que nos tocó vivir, más que ser un resultado, es el origen mismo.
¡Cómo quisiera que Vincent Willem van Gogh estuviera vivo para que pudiera decirnos si algún día el hambre lo desvío! No es el hambre lo que te quita de tu sueño, es el miedo a parecer un loco lo que te hace desistir. En primer lugar debemos preguntarnos quien somos realmente y estar orgullosos de ello, a través de los años hemos creado una máscara a guisa de escudo protector. Es sorprendente como nuestro miedo al rechazo o a las críticas nos hace actuar como alguien que no somos.
Por eso el mundo esta repleto de personas (jóvenes y adultos) que no sueñan, que navegan a la deriva, sin un destino, sin una brújula… es necesario saber hacia donde nos dirigimos, en el trayecto podremos modificar las rutas pero si sabemos a donde queremos llegar ni la más grande tormenta nos quitara de nuestro objetivo.
La incomodidad de ser diferentes y la necesidad de “quedar bien” con los demás provocan esta terrible situación. Es preciso armarnos de valor y enfrentar a nuestros miedos. Tengamos el valor de ser quien realmente somos, de descubrir nuestra misión en el mundo y de creer en nuestra grandeza. El miedo siempre va a estar ahí, nunca se va a ir, el miedo vive en nosotros, no hay otra posibilidad que lanzarnos abrazados de él. Será entonces cuando la humanidad sepa a donde va.

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