miércoles, 10 de agosto de 2022

El Lienzo de tu Vida

 Visualiza tu vida como un lienzo.  Un gran y hermoso lienzo en blanco listo para que pintes en él.

A veces parece que nosotros no somos los pintores de nuestra propia obra, que la vida nos pasa en lugar de que nosotros ocurramos en ella, queremos tener el control y por más que nos esforzamos, no sucede.

 

Te pido que uses un poco tu imaginación y que visualices que tienes un lienzo en blanco. Piensa que estas frente a él, con un pincel y muchos colores para pintar, pero que por arte de magia, en ese lienzo aparecen trazos que tú no estás haciendo. Sin que puedas verlo, hay alguien más pintando ese lienzo. Hace trazos que a veces no parecen tener sentido. En lugar de molestarte o frustrarte obsérvalos, fluye con ellos y usa esos colores para crear tus propios dibujos.

 

El primer trazó está relacionado con las dificultades, los problemas que nos quitan la tranquilidad, las cosas que nos gustaría que fueran diferentes, las inquietudes causadas por cuestiones económicas, las enfermedades, los logros no obtenidos, las relaciones que no funcionan, las separaciones, las pérdidas… 

 

Este trazo aparece como manchas horribles en nuestro lienzo. Regularmente, lo miramos tan de cerca que todo lo que logramos ver son esas manchas oscuras. Pero si damos un paso atrás para contemplar el cuadro completo, como lo haríamos al contemplar una obra de arte, podríamos apreciar que lo que drena nuestra energía y absorbe la mayor parte de nuestro tiempo es mínimo, comparado con el espacio en blanco que lo rodea, ese espacio en blanco simboliza todas las bendiciones que hay en nuestra vida, eso que valoramos, apreciamos y agradecemos.

 

Quitarle la atención a las dificultades nos permite ver  las bendiciones que nos rodean. Al alejarnos, podemos ver la grandeza de las bendiciones y la pequeñez, lo que nos causa dolor. 

 

Por otro lado, cada desafío tiene un propósito, no seríamos quienes somos hoy sin cada uno de esos eventos. Cada momento doloroso nos hace más fuertes, nos muestra algo de nosotros mismos que no sabíamos.

 

La separación de aquella pareja nos hizo saber que podemos ir solos a cualquier parte, que no necesitamos a nadie para estar bien. El despido de aquel trabajo nos hizo crecer, volvernos una mejor oferta para el siguiente o incluso saber que podemos emprender un negocio. Ese hombre o esa mujer que vemos como una persona tóxica, nos está enseñando, incluso más, que aquella que más nos amó. La partida de ese ser querido nos hizo saber que, aunque las personas abandonen su cuerpo, el amor no se muere nunca. 

 

Esos eventos que creímos que no debieron suceder, elevaron nuestro nivel de conciencia.

 

Detente, da un paso atrás, observa el espacio en blanco de tu lienzo y las dificultades que te agobian se verán más pequeñas. Confía en el proceso. 

 

El segundo trazo se dibuja con nuestros deseos más profundos.

 

En muchas ocasiones me he preguntado si existe una guía para seguir nuestro camino, considero que si existe podemos conocerla a través de nuestros deseos más profundos, que son una forma de saber hacia dónde vamos, los veo como mensajes en forma de señales a seguir que nos muestran nuestro camino, nuestra tarea es seguir ese instinto.

 

Sueña en grande, no te limites, no repares en lo que crees que sea o no posible. Permítete jugar con los sueños como cuando eras niño, cuando soñabas en la aventura de ser astronauta, bombero, bailarina, doctor. Lo que sea que soñabas lo hacías con tanta claridad que hasta eras capaz de sentirte así. No subestimes ninguno de tus deseos, ningún deseo es pequeño. No importa si lo que te enciende el corazón es tener unos zapatos de charol, aprender a bailar como Michael Jackson, participar en una obra de teatro, aprender a cocinar, escribir un libro, o pasar un día entero viendo televisión en casa. Ningún deseo es demasiado grande ni demasiado pequeño.

 

Esos deseos ardientes son a los que Neville de Godard llama mensajes de Dios. Escucha la voz de tu deseo.

 

Si quieres comprar una hermosa casa, ve por ella.

 

Si quieres un cuerpo saludable, ve por él.

 

Si quieres ver el mundo, ve ahora mismo a comprar el primer vuelo.

 

¡Hazlo!

 

No porque tener lo que quieres te va a hacer más feliz, la felicidad es un pensamiento que puedes elegir en el momento que quieras, aunque no tengas nada que quieras. Ve por tus deseos porque ellos por la aventura de estar vivo. No importa lo que haya que hacer, si te hace vibrar, hazlo.

 

El tercer trazo en nuestro lienzo son las pequeñas oportunidades inesperadas que surgen sin haberlas planificado. Debemos estar atentos, porque a veces no los observamos y seguimos nuestro camino sin reparar en ellas.

 

Hemos aprendido a tener planes a largo plazo, la meta es tener una profesión y luego hacemos un largo camino para terminar una carrera universitaria. No digo que no debamos tener planes, saber a dónde quieres ir es el origen de todo logro, a lo que me refiero es que muchas veces nos obsesionamos con el método para llegar a ese fin. Entonces elegimos ir por el mismo camino, aunque esté lleno de obstáculos, porque de alguna manera aprendimos que eso era la disciplina y la perseverancia. , Nos olvidamos que para llegar al mar hay muchos ríos.

 

Así que, al estar obsesionados con seguir un solo camino, la mayoría de las veces lo dejemos pasar las pequeñas oportunidades que surgen porque no queremos desviarnos. Esas pequeñas oportunidades que aparecen sin previo aviso, a veces son milagros, señales imperceptibles a nuestros ojos y oídos, que mágicamente aparecen ante nosotros.

 

Tener un propósito definido no tiene nada que ver con tener una forma estática de llegar a él. Puede haber miles de posibilidades disponibles que se nos presenten todos los días, hay que estar alerta, para no dejarlas pasar.

 

Fluir y cambiar de planes, pueden ser habilidades que nos lleven al éxito más que el trabajo duro, la clave es no perder la vista en el objetivo. Deja que las oportunidades lleguen y fluye con ellas.

 

Eres el artista que está dibujando en el lienzo de tu vida. Nuestra creación está en lo que somos, lo cual se refleja en todo lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos. Si quieres saber en dónde está tu voluntad. Mira tu lienzo y reconócelo como una creación tuya. No importa lo que sea lo que estés viviendo, míralo con amor y, aunque no comprendas qué figura terminarás formando, observa en cada trazo un elemento imprescindible en la creación de tu obra. Ámalo y agradécelo.

 

La mejor noticia es que tu obra aún no está terminada y que siempre…siempre, puedes empezar de nuevo.

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