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| *Imagen: Autor desconocido |
Locales
cerrados, servicios de transporte reducidos al mínimo, paredes rayadas con
aerosol, frases como “si no nos dejan soñar no los dejaremos dormir”, basura
por todas partes. Eso es lo que yo veo
este 29 de marzo en Madrid. Será porque
en México nunca nos hemos lamentado tanto una crisis o porque no nos gusta
pelear, será porque tenemos problemas más serios o porque no estamos
acostumbrados a que el Estado nos proteja tanto, pero a mi la huelga me parece
un exceso. El motivo, la propuesta de reforma laboral que entre otras cosas
invierte la presunción legal en los procesos laborales, esto provoca que las
empresas puedan despedir a sus trabajadores con mayor facilidad. Como abogada especialista en materia
laboral, siempre partidaria de la
libertad de expresión considero prioridad
levantar la voz para defender las condiciones laborales, el trabajo
digno, la seguridad social, los salarios justos, pero también entiendo que si
las empresas no son apoyadas por políticas públicas están condenadas a una
ruina segura. De donde esperan que los
parados (desempleados en México) que el gobierno se saque los trabajos que piden. ¿De la inversión extranjera? ¿Qué país quiere invertir en España si los
trabajadores tienen 30 días de vacaciones y
tantos días feriados, si cuando dan las 2 de la tarde parece que se les
caen las manos y por supuesto a media mañana salen por el respectivo almuerzo?
Yo me caso con la idea de que cada quien tiene que poner su granito de arena y
si quieren huelga que la hagan, pero que en lugar de buscar causar molestia que
hagan la diferencia. La participación debe ser libre, mucha gente que quería ir
a trabajar hoy en España no pudo o tuvo que salir de su casa hasta 2 horas
antes, vamos, los propios huelguistas se quejan de que no hay taxis para ir a
manifestarse. Me encanta la rebelión,
pero voto por la construcción y no por
la destrucción. Por la oposición
propositiva, esa que suma, esa que crea.

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