lunes, 3 de agosto de 2015

SER ALGUIEN






Nuestra sociedad nos alimenta día con día con una serie de paradigmas que procuramos como mandamientos sacramentales, acatándolos con el mayor de los sigilos y la más profunda devoción, pero la verdad más que agregar valor lo destruyen, siendo sincera nadie sabe quién los estableció, por qué son tan importantes o cuándo surgieron.

Por ejemplo, “Si quieres que algo pase, no lo digas porque se ceba”.  Este dicho quiere decir que si quieres mucho algo en tu vida, debes guardarlo en secreto, pues si lo dices, no pasa. Me parece totalmente absurdo que de niños nos enseñen a desear en secreto, a no decretar nuestros más grandes sueños, a no comprometernos con las personas que nos rodean platicando nuestros sueños más profundos para que cuando declinemos nos obliguen a mantenernos en pie. En cambio nos incitan a  tener la firme creencia de que por el sólo hecho de contárselo a alguien nuestros deseos no van a suceder. Como en los tiempos medievales en que se hacían conjuros para la buenaventuranza nos enseñan a callarnos para que de alguna manera, por el solo hecho de guardarlos en secreto nuestros deseos sucedan por obra y gracia del Espíritu Santo.

Otro buenísimo es “Más vale pájaro en mano que ver un ciento volando”, esto es, cuando una persona emprenda una aventura y tenga frente a si mismo un sin fin de oportunidades, pero tenga algo seguro, se aferre a lo seguro y no vaya por el resto, pues esas oportunidades son posibilidades por las que no hay que arriesgarse, pues si lo haces podrías perder lo poco que tienes. Para empezar el dicho es ilógico, pues la verdad no entiendo como un cazador de aves podría seguir cazando si tiene a su presa en la mano, pero bueno, la tragedia del dicho va más allá de esto. El apego a los éxitos pasados y el gran temor a tomar riesgos llevaron a un ser desconocido que habitaba en algún lugar remoto en una situación que nadie conoce, a trascender por medio de una frase limitante que construye a la juventud aplaudiendo su mediocridad y disfrazándola de sabiduría.

Pero tenemos otra, la reina de reinas. No es un dicho pero es una clase de creencia que nos ha pegado mucho en la madre a los mexicanos desde tiempos inmemoriales, y esta es una frase que le dicen los papás a los hijos cuando son chiquitos. Se les dice más o menos así: (léase en tono ranchero)  “Mi’jo estúdiele mucho pa’ que cuando sea grande sea alguien”.  Y luego cuando los pobres muchachitos salen de la universidad con curriculum en mano, ya van diciendo yo “soy” pero en el fondo no sienten que son nada, por eso sigue la tortura… y siguen sintiéndose que deben tener algo para poder hacer algo para algún día llegar a ser alguien.

La neta, la neta, hay muchos viejitos en mi país que se van al cielo creyendo que nunca fueron nadie, de hecho tenemos otra palabra para esto, a los fracasados de les dice “Don Nadie”.

Todo esto me parece muy triste, la verdad existen muchísimos motivos para sentirnos grandes desde pequeños, para saber que lo que construye a un ser humano no es lo que tiene, ni lo que hace, ni una profesión, ni un puesto, ni un coche o un yate, sino que es algo mucho más simple y más profundo. SER ALGUIEN se trata de SER, y para SER lo único que se necesita es poder respirar.

Se trata de algo mucho más intenso y transparente, se trata de abrir el corazón y  dejar que entre todo lo que tenga que entrar y que salga todo lo que tenga que salir.  Lo chistoso de todo esto es que justo siendo es como se pueden cumplir los sueños y no al revés. Es así porque cuando nos permitimos SER abiertamente, a la gente le da por DECLARAR sus sueños, COMPROMETERSE a lograrlos, HACER  lo que sea necesario para alcanzarlos, sin límites, tomando todos los riesgos que vengan y por último logran TENER todo lo que desean y  NO TENER todo lo que no desean. Así que a volar los dichos. Todos ya somos alguien, sólo queda decidir qué. Si no me crees pruébalo y verás.




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