martes, 30 de abril de 2013

¿Y TÚ? ¿TE QUEJAS, RECLAMAS O TE CALLAS?


*Imagen de www.fondolove.com


Hace ya algún tiempo recibí uno de los mayores aprendizajes de mi vida, aprendí la diferencia entre una queja y una reclamación. Saber en que consiste una y otra puede impactar tanto tu vida que, si te atreves a aplicarlo a cada actividad por insignificante que parezca, es posible que muchas de las cosas que te provocan sufrimiento desaparezcan para siempre.

Conocer la distinción es fácil, entenderla y agregarla a tu vida no tanto.  Más aun si se vive en un país como México, dónde para empezar, somos del tipo de gente que se queda callada. Quise tocar este tema después de ver los desbarajustes que sucedieron en la colonia Roma (ciudad de México) recientemente, dónde la hija del director de la institución encargada de velar por los intereses de los consumidores en mi país armo tremendo zafarrancho porque no le daban mesa en un restaurante. Tanto así, que mando a traer una comitiva de funcionarios públicos que clausuraron el lugar con la gente adentro y toda la cosa. Este acontecimiento no sería tan relevante si no es porque esta institución, la PROFECO, en realidad es una entidad que no sirve para nada. 

Cuándo recién egresé de la facultad de derecho no lo sabía e inocentemente acudí en varias ocasiones a querer resolver problemas relacionados con el consumo, ¡craso error! Después de un proceso larguísimo de citas y citas y más citas, si no llegas a un acuerdo con tu contraparte (la empresa estafadora o que vendió un producto defectuoso, etc.) o esta nunca se presenta, te dan una resolución muy mona que dice: “Se dejan a salvo los derechos del consumidor para hacerlos valer en la vía que considere procedente”. ¡Dios! De esas veces que quisieras tirar todos los años de estudio del derecho por la borda y mejor dedicarte a otra cosa. Pero bueno, ¿quiere saber que significa esto? ¿Seguro quiere saberlo? Pues en cristiano significa que el proceso gratuito que le hizo perder de 3 meses a un año de vueltas a la PROFECO no valió para nada. Que esta usted como al principio. Que hay que contratar a un abogado para presentar una demanda ordinaria mercantil, que el proceso durará cerca de tres años y que para eso hay que gastarse un montón de dinero. Pues bueno, para que se vea cómo la PROFECO en unas cosas es totalmente intrascendente, pero en otras, como prestar auxilio inmediato a una pobre damisela que no tiene dónde comer en la Roma y, que dicho sea de paso, resulta ser la hija de su director, si resulta una respetable institución que vela por los consumidores; ágil y ejecutora.

Pero bueno, estábamos hablando de la felicidad y del ser. Ese si es un tema bonito. Como decía, lo más importante es en primer lugar sentir que la opinión cuenta. Sentirse con el derecho de ser escuchado. Y me diría usted señor o señora lector, como se le hace cuando se tienen instituciones que hacen cosas como la que acabo de contar, pues con fé, ganas, organización y disciplina. Aquí, en Estados Unidos, hablaba con mis compañeros de clase, les decía que uno de los problemas más grandes de mi país es que la gente no  lucha por sus derechos porque ya le perdió la confianza a las instituciones. Entonces el profesor me dijo que él se sentía así cuando vivía en México, pero que se le quito cuando se vino para el otro lado. Aquí sintió que si lo escuchaban, porque si algo salía mal con una cajera podía ir con el manager y si el manager no escuchaba, con el jefe del manager y si el jefe del manager no escuchaba, podía llamar por teléfono a la empresa o escribir un mail. El punto es que estoy segura de que en México también podría hacerlo, solo que en allá, tal vez, después del primer manager hubiese desistido. 

Por eso antes de  hablar de quejas y reclamaciones quise tocar el tema de sentirnos con el derecho y no quedarnos callados.  Este, creo, es un talento que todo ser humano debe desarrollar. Y precisamente es la razón por la que en el mundo los ricos que se hacen más ricos y pobres que se hacen más pobres. Porque los ricos se sienten con el derecho de tomar todo el pastel y los pobres no se atreven ni a tomar el cuchillo para cortar una rebanada.

Una vez hecho lo anterior, no te quejes. ¡Sí! No te quejes, reclama. La diferencia entre una queja y una reclamación es que quien reclama primero pidió. No le dieron lo que pidió y por eso reclama. El que se queja nunca pidió. 

Cuando algo salga mal, primero fíjate si pudiste evitarlo. Si alguien no actúa como tú esperabas, primero recuerda si en algún momento pediste lo contrario. No sólo si tu creíste que había legado un mensaje, asegúrate que haya habido un acuerdo. Los problemas de comunicación son de 2, no de uno. Si esta completamente claro que el mensaje llegó y tu interlocutor no cumplió su parte del trato no te quedes callado, cuando te callas no pasa nada. Reclama, arma tu argumento y escucha, escucha con los oídos, con los ojos y con el corazón. Es muy probable que tengas más de lo que te imaginas. Entonces veras como en el mundo todavía hay muchas cosas en las cuales se puede confiar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario